Hace algunos días murió Alex, un gran amigo, casi mi hermano. Su muerte fue totalmente inesperada, extraña, asoladora y traumática para los que estuvimos con el hasta el último minuto.
Han pasado casi dos meses y lo extraño mucho, el era sencillo, sincero, exageradamente leal, no recuerdo haberlo visto enojado, era una gran persona. Hay días que siento un gran pesar. Sé en quien he confiado y estoy seguro que Jesús puede devolver vida a los que murieron en él, sé que con la ayuda de Dios lo volveré a ver, así como a los demás seres queridos que ya no están, pero siento algo inexplicable cada vez que lo recuerdo. La muerte está vencida pero su veneno sigue llenándonos de dolor.